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Escenografía a la italiana- Recuperando antiguos decorados de papel

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Recomiendo a los interesados en no perder la memoria histórica, en este caso de la escenografía de la postguerra, que visitéis un post que mi hermano Jordi colgó sobre el tema de “Redescubrir los olvidados” (Redescobrir els oblidats)  escenavegant.blogspot.com/ donde documenta sobre los distintos talleres en Barcelona dedicados a la escenografía.

En este momento se están recuperando una infinidad de decorados que estuvieron a punto de desaparecer, junto al cese del negocio y derribo de los talleres de la calle Carretas. La herencia de montones de decorados antiguos corrieron ese riesgo, de hecho algunos se perdieron entre las ruinas del edificio por no poderlos guardar en algún sitio, pero una buena parte se pudo resguardar.

Estos decorados no tenían ningún valor económico ni a peso de papel, y su utilidad como material de alquiler fue decreciendo con el paso del tiempo, no era rentable.

Pero para nosotros tienen un valor sentimental y cultural, son de una época que grandes pintores transformaban el papel en creaciones visuales, y después de años de olvido y desinterés por ese patrimonio, y de acudir a instituciones para que lo salvaran, ahora le ha llegado su momento. Como dice mi hermano en el post “alguien ha prestado atención de su existencia. Ha tomado nota, fotografiado y valorado a aquellos hombres. Hoy, por primera vez me he sentido coprotagonista de la rehabilitación de un grupo de escenógrafos catalanes extinguidos en tiempo pero no en la obra. Resta mucho trabajo por hacer. Pilas y pilas de decorados juntos, estrujados muchos de ellos, que necesitan tareas importantes de restauración. Finalmente una institución ha acogido esta muestra del patrimonio teatral de nuestro país. AnnaValls (Directora del Centro de Documentación de Museo de Artes Escénicas del Instituto del Teatro de Barcelona) ha estado la artífice.”

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Una parte de la recuperación consiste en fotografiar los telones abiertos en el suelo del escenario y desde un puente, fotografiarlos, identificarlos y clasificarlos, como aparece en las imágenes anteriores.

Luego, mediante retoque digital, se rectifican las formas que en la fotografia están en perspectiva y se retocan las imperfecciones que ofrecen los decorados de papel, pliegues, arrugas, descoloridos etc. cosa que estoy haciendo personalmente, dado que me conozco todos los decorados y conservo en mi memoria las tonalidades del telón original y que las fotografías pueden desvirtuar.

En las fotos que encabezan el post se ve el telón en el suelo y una vez rectificado.

Una pequeña muestra de los telones restaurados digitalmente.

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Memorias de un aprendiz:6

Acorralando a los indios

Cavant-AEl recuerdo de hoy transcurre en el segundo taller donde seguía en la categoría de aprendiz.

Este taller estaba situado en la misma escalera que el primer taller donde empecé con mi familia. Se hallaba ubicado en el último piso y, por lo que me contaron, era una chapuza, seguramente ilegal, del propietario del edificio, pues en el terrado había levantado unas paredes y cubierto el techo con uralita. La ventaja de este taller es que era amplio,  no tenía columnas en el centro, pero el suelo, por ser el mismo que el terrado, estaba acusadamente inclinado y el techo no tenía cámara de aire, por lo cual frío en invierno y calor en verano.

Aquí cambiaron algunas rutinas: no tenía que ir a buscar agua (se bebía del grifo de un lavadero), no tenía que barrer (el orden no era de las obsesiones de mis nuevos maestros), no había radio, lo que daba un silencio de monasterio y sólo pregunté dos veces: “¿Qué hago?” y como uno me mandaba al otro ya no pregunté una tercera vez, si querían algo ya me lo dirían.

Fue una época de gran creatividad imaginativa, pues en las horas en que no había trabajo podía dedicarme a lo que quisiera. Primero me dediqué a mirar la forma de pintar de cada uno, dado que en ello aún no podía participar, y descubrí que había otras formas de pintar diferentes a como lo hacía mi padre. Esto me animó porque pensaba que sería muy difícil pintar como él, que era genial con el pincel.  Descubrí nuevas maneras de aplicar el color, que sólo con manchas se podían dar formas casi sin dibujarlas y, además, pocas veces utilizaban la paleta, con cinco o seis ollas y un cubo de agua campían (llenaban) los colores y los mezclaban directamente en el telón.

Empecé limpiando pinceles, clavando telones y por iniciativa propia barriendo y poniendo orden en aquel taller.

Había un tema que me exasperaba, era clavar los telones de tela en el suelo, dado que éste era el original del terrado, formado por rasillas de arcilla cocida, pero no quedaba ni una entera, pues como el turrón de Alicante cuando lo golpeas se rompe, y cada una de ellas estaba cuarteada por lo menos en quince o veinte pedazos. Por ello, sólo podías clavar en alguno de los pedazos grandes que no se había partido para que el clavo agarrara. Por otro lado, me quedaba yo solo para hacer este trabajo y me desanimaba pensar en los centenares de clavos que quedaban por clavar. Entonces se me ocurrió una idea que me motivó, imaginé que en el centro del telón había una tribu de indios y tenía que acorralarlos, que las hileras de clavos eran soldados del séptimo de cavallería que iban avanzando y cerrando el círculo, y así, de uno en uno, íbamos avanzando y acorralando a los indios ( en aquella época en las películas los indios eran los malos…)