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Taller de cuentos- Sentir el cuento

Taller-contes Nada descubro al decir que los cuentos son algo más que entretenimiento, hay bastante escrito sobre ello, estudios psicológicos, sociológicos etc.

Dejando aparte todo análisis erudito del significado de los cuentos, lo importante en meterse en ellos, disfrutarlos, sentirlos y a poder ser contarlos.

La mejor forma de aprender un cuento es escucharlo o leerlo y hacerlo tuyo si algo te dice o remueve, no es necesario memorizarlo literalmente palabra por palabra, si no agarrarse a lo que has entendido, y luego contártelo, contarlo varias veces para ordenarlo y que fluya, siempre pondrás una parte de ti en ello, y lo único a tener en cuenta es no desvirtuarlo ni arreglarlo para que sea más divertido o comercial, como sucede con las películas de Walt Disney con sus versiones de cuentos tradicionales.

Un cuento que sale del corazón del contador capta a los que están a su alrededor de manera mágica, sin más inversión que su voz y gesto, como un ritual ancestral que ya se hacía en los albores de la humanidad al calor de una hoguera en algunas cavernas, y que a través de ellos transmitían conocimiento los ancianos a los más jóvenes.

Actualmente, si se busca, se encuentran los cuentos que transmiten ese conocimiento, no es ningún secreto, pero hay que buscar.

Ahora os dejo un cuento para que lo saboreeis, sentirlo, escuchar que sensaciones os produce por dentro, sin analizarlo intelectualmente, si al final de la lectura podéis decir, me ha gustado, creo que he logrado lo que me proponía.

Las tres monedas.

Había una vez un anciano labrador que veía cerca el final de sus días, una noche llamó a sus tres hijos que con él trabajaban y les dijo: “Queridos hijos, antes de partir en el último viaje quiero estar seguro que vuestro futuro estará asegurado con el trabajo de las tierras que poseo, si las divido entre los tres, sólo crearé más pobreza, si os mantengo unidos tendréis más fuerza, y vuestro sustento será más seguro, pero  uno de vosotros tiene que ser el responsable de los tres, y para ello tengo que elegir al que mejor resuelva una situación, para ello mañana al levantaros encontraréis tres monedas sobre la mesa, una para cada uno, con ella compraréis algo con que llenar la casa, el que más la llene ese será el elegido”.

Dicho esto se fueron todos a dormir, a la mañana siguiente tal como había dicho el padre, sobre la mesa habían tres monedas iguales de valor, cada uno de los hermanos cogió una moneda y partieron a buscar algo que pudiera llenar la humilde casa.

A primera hora de la tarde, regresó a la casa el hermano mayor con un carro lleno a rebosar de paja, la empezó a extender por la única estancia que era la casa, pero sólo logró que la paja la ocupara el espacio hasta la altura de la cintura, al poco rato llegó el hermano mediano, también con un carro cargado de sacos con plumas de ave y empezó a vaciarlos, las plumas volaban por toda la habitación y llegaban casi al techo, despues de vaciar el último saco las plumas lenta y suavemente descendían, descendían hasta el suelo hasta formar una capa a la altura del pecho.

Al anochecer, llegó el hermano menor y en la mano llevaba un pequeño paquete envuelto con papel y atado con un cordel, los hermanos re rieron de él mientras el padre en silencio observaba, el hermano mayor con ironía le preguntó: “¿Con esto quieres llenar la casa? y el hermano pequeño respondió: “Sí, pero esperemos que sea un poco más oscuro”. Esperaron a  que oscureciera más, y entonces desenvolvió el pequeño paquete y de él sacó una pequeña vela, la encendió y llenó la casa de luz….