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Memorias de un aprendiz

Hermanos Salvador Escenografía

bona-1Inicio aquí una búsqueda en ese baúl de la memoria, que en sus fondos y en un amasijo de recuerdos perdidos puede estar el día que por primera vez entre en el taller a trabajar.

Por carácter, no me gusta mirar al pasado, pero en este caso quiero encontrarme con aquello que para mi fué tan importante, ser aprendiz, y lo muestro a aquellos que nunca han vivido esa experiencia, y menos hoy en día que este ser, el aprendiz, creo que esta extinguido o vías de ello.

Claro está que esto es una autobiografía, pero solo quiero destacar la parte amable, la parte amorosa que me dió este oficio, por que este oficio se ama.

Miro hacia atrás sin rencor, sin juzgar a personas de mi entorno a pesar de estar en esa época en plena posguerra y bajo la férrea y dura mano de la dictadura.

También es por ello que redacto en castellano, que fue la lengua impuesta por el estado en la calle y como no en el colegio, la lengua de mi casa solo podía ser en la clandestinidad, y así al hacer esta redacción regreso más cercanamente a esos años de mala uva y desconfianza. De paso doy oportunidad de que puedan leerme infinidad de amigos que no conocen mi lengua materna.

A mis amigos les dije, he entrado a trabajar al taller, “he entrado” representa salir de mi niñez dejar atrás juegos, algunos amigos, un deshorario, para entrar a unas pautas de tiempo rígidas (de 9h. a 1h. y de 3h. a 7h.) seis días a la semana (sisi, seis días a la semana !! los sábados se trabajaba en 1956).

Trabajar” es una definición de hacer algo obligado por la vida, mi padre trabaja, mis familiares trabajan, casi todo el mundo trabaja, y claro yo tengo que trabajar, la palabra me produce una sensación como de categoría y temor a la vez, pero lo que más me afecta que me han quitado el tiempo de mis manos, pero en el fondo me llena de orgullo, seré útil y también me darán dinero creo.

Taller”es un lugar mágico, antes de entrar en el taller de mi padre, había visitado otros y todos me impresionaban, lo primero los olores, olores diferentes que solo se encuentran en los talleres de escenografía, olor a madera, a papel mojado a cuerda de cáñamo, a serrín mojado. Luego los objetos amontonados mas o menos ordenados. Objetos de un mundo muerto, objetos muertos , llenos de polvo, sillas tapizadas con terciopelo, alguna con el asiento rajado con sobresalientes muelles apuntando en diferentes direcciones, un biombo con molduras barrocas forrado de damascos decolorados por el polvo, en la penumbra una cabeza de dragón verdoso con el morro de caballo y cuernecillos de novillo.

Memorias de un aprendiz:5

Música de muertos

radioUna de las costumbres que adquirí y que hoy día sigo fiel a ella es poner la radio como primera acción antes de ponerme a trabajar, y soy fiel adicto a dos emisoras Radio 1 La clásica y Catalunya música; entre las dos reparto la música de mi película diaria, son mi banda sonora, lo que me decide hacer el salto de una a otra amante es cuando se meten con música contemporánea sea electrónica o no, o con algunos conciertos de cámara soporíferos, entonces acudo a los brazos de la otra emisora.

En el taller había una cierta tendencia a la música clásica, el ambiente musical quedaba determinado según la estación del año. En semana santa para mi era la mejor, pues con la dictadura, las emisoras de radio estaban obligadas a emitir solo música clásica o sacra. 
En esta época, de fondos musicales de Bach, Hendel, Vivaldi y demás de la misma peña, era lo único que se escuchaba, y claro, el personal del taller     (mozos y ayudantes) casi se amotinaban, pero en silencio, sólo alguna palabra reivindicativa sonaba sin demasiada potencia: «Eso es música de muertos» sin añadir nada más, pues el amo era el controlador exclusivo del aparato de radio y quien decidía lo que se escuchaba o no.

Al llegar el verano era la peor época, pues se trabajaba con ventanas y balcones abiertos por el calor, y dado la proximidad de las casas, cualquier vecino que tuviera la radio puesta, tu la tenias que compartir quisieras o no, entonces se formaba un potaje con Carmen Morell y Pepe Blanco, Juanito Valderrama, El parte informativo, la novela de Sautier Casaseca más el «Yo soy aquel negrito del África tropical…»

Aparte de música clásica también se escuchaba a Maruja Fernández dedicando discos solicitados para los emigrantes españoles, Diego Valor caballero de los espacios siderales, Taxi Key el detective que te daba la oportunidad de descubrir quien era el asesino, Fantasía los sábados por la tarde ( sí, se trabajaban)

En casa sin el disolvente de tiempo de la televisión, (no se había inventado o por aquí no existía) escuchaba la radio pero no ya  de fondo, sino como vehiculo de apertura al mundo y a cosas nuevas, además de «La pirenaica» para conocer otra versión de lo que sucedía aquí, Radio teatro, donde conecté con autores universales, seguí por radio el estreno de Fantasía de Disney, que me dio por dibujar escenas tal como las imaginaba, por radio seguía las representaciones del Teatro del Liceo, y aprendí a reconocer por el timbre de voz a un cantante de otro.

La radio del taller tenía un puesto importante, un pequeño estante de madera exclusivo sólo para el aparato, con un trapo para cubrirlo y protegerlo del polvo, el eterno polvo del taller, así protegido duraba más (comprobado.