Formas de ser – Un reencuentro sin batallitas – Retrobades

Reencontar a una persona que no has visto en cuarenta y siete años no es una situación cotidiana.

A Miquel lo conocí  en Cartagena el 1964, donde me tocó, sin pedirlo, hacer el servicio militar obligatorio  en la marina. Luego del período de tres meses de instrucción, nos quedamos en el mismo cuartel los veintiún meses siguientes, mientras otros eran embarcados en buques de la armada e incluso en un submarino (un amigo mío, criado en el campo en Tarragona que nunca había visto el mar, le tocó, duró una semana y luego de unos días de hospital le cambiaron el destino). A Miquel como tallista y yo como dibujante, se nos ofreció hacer trabajos en el cuartel, pero esto es otra batallita.

Está como de moda, a través del Facebook, buscar antiguos compañeros o amigos, cosa que me parece bien pero no es mi manera de funcionar. Hice intentos de buscar a Miquel en Palamós, donde sabía que había vivido, y gracias a  una persona, Gloria, fué la causante del reencuentro, pues ella tenía conocimiento de que se había trasladado a otra población, pero por diversas circunstancias durante un tiempo perdí la pista. Fue Miquel quien me localizó, poniéndose en contacto por e-mail, y concertamos una cita para el reencuentro.

Este hecho removió mi memoria resucitando viejos recuerdos de la mili, por lo que deduje que este reencuentro sería un repaso de las mil batallitas que vivimos durante este forzoso periodo de convivencia, y me parecía lógico.

Quedamos a una hora determinada en un pequeño bar frente al mar y sabía que él me reconocería por las fotografías que suelo colgar en mi blog, pero de él no poseía ninguna imagen actual. No hizo falta. De lejos lo vi llegar con su esposa y lo reconocí. En él me vi reflejado en esa edad física que nos da los años pasados. Luego de un abrazo inicial y tomar unos cafés, la conversación se canalizó por orden de prioridades en el grado de salud de cada uno, en las actividades actuales, en el paralelismo de atención a los nietos y sólo al final un corto y leve recuerdo de nuestra estancia en Cartagena. Era curioso ver como prevalecía el presente por encima de los recuerdos del pasado, no nos contamos ni recreamos en las batallitas e incluso acordamos algún otro encuentro en el futuro inmediato para disfrutar unas horas navegando y pescando.

Este reencuentro me reafirma que la conexión con personas que aprecias no queda afectada y que en pocos minutos se restablece el contacto. a pesar de los cambios sucedidos en este largo periodo de tiempo. Igualmente me reafirmó  lo inútil que es mantener amistades por algún hecho ocurrido en un momento dado y que si falta esta conexión, son como amistades forzadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *