Formas de ser – La naturaleza

Brotes-de-flor

 

 

 

 

 

 

Hace un par de días me levanté tarde, eran casi las doce, me acosté tarde después de una actuación donde me estrenaba como director de escena en una compañía en formación de seis bailarinas de danzas étnicas y cuatro músicos, donde fusionamos palabra, música y danza (con pequeños textos de García Lorca, Pablo Neruda, Miguel Hernández,  Papasseit y cuentos cortos sufis). El espectáculo se llama «Batecs de l’ànima» (Latidos del alma), el público se lo pasó bien, pero haremos algunas correcciones.

Esa mañana al salir de casa (vivo en el campo), un poco deslumbrado por el sol, lo primero que percibí fue una infinidad de zumbidos que al momento descubrí su origen, era el zumbido de centenares de abejas que estaban revoloteando los   generosos cálices de flores de un ciruelo que tengo delante de casa, era una explosión de vida, quedé fascinado, esto si que era un espectáculo donde todos hacían su papel bien determinado, la flor ofrecía su néctar y a cambio la abeja la polinizaba, en un intercambio hermoso, armonioso, equilibrado, en un ejemplo sin palabras, ni pautas escritas de convivencia e intercambio, entendí lo que ya sabía, o mejor dicho sentí lo que ocurría en la naturaleza y aprendí de ella, así de golpe.

Por poco que se hayan estudiado ciencias naturales o simplemente haber visto en la pequeña pantalla el Nacional Geografic, sabemos algo de la polinización, de como los árboles crean y adaptan su estructura para seducir y llamar a los insectos ofreciéndoles néctar a cambio de polen, con toda una estrategia de formas y colores para llamar de  atención de las abejas u otros insectos, este proceso es sabido, pero es fascinante comprobarlo en vivo y en directo.

Ello me recuerda que formo parte de la naturaleza y que he perdido parte o mucho de esta espontaneidad de dar y recibir, los que tenemos la oportunidad (no suerte) de ofrecer un trabajo que nos gusta y que es útil para otros y con ello recibimos una remuneración, creo que estamos en sintonía con este comportamiento armonioso de la naturaleza y debemos sentir agradecimiento porque ello siga ocurriendo, pero no todo el mundo lo vive así, hay personas que en ese intercambio quieren sacar más provecho de lo que ellos aportan, adulterando el producto para que de más beneficios, y esto está demostrado en muchos productos comercializados como son la alimentación, salud, deporte, e incluso en cultura y ocio, no hace falta ser un experto para diagnosticar exceso de azúcares en los refrescos, conservantes en alimentos, promocionar basura de entretenimiento para captar audiencia televisiva, creación de corrientes de opinión politica para para poder mantener todo lo antedicho y dominar mercados.

Es en ese punto donde una parte de la los humanidad se aparta  de esa armonía universal e inventa justificaciones, incluso para delinquir, con el propósito de máximos beneficios.

Pero que nadie se alarme por este comentario que parece catastrófico, no es así la realidad, pues a pesar de que pueda haber una minoría que domina mercados y la economía global, hay otra parte de la humanidad que es anónima, y que conviven e intercambian con honestidad trabajo y remuneración,  y que su marketing a veces sólo  reduce al boca a boca: » Te recomiendo tal médico, que estás más de una hora con él», «En tal sitio se come de maravilla, la cocinera lo hace con mucho amor» ,» El equipo de maestros de tal escuela es muy cuidadoso», » Tal albañil es una maravilla y te cobra lo justo» y así podríamos hacer una larga lista de personas que lo que ofrecen es de calidad sin estar subordinados a las corrientes publicitarias imperantes.

Amigo, cuando puedas (y eso sólo lo determinas tú, no las circunstancias) intenta conectarte con la naturaleza, aunque estés en el corazón de una ciudad, busca un jardín, árboles e incluso macetas con flores, detente unos instantes en silencio de pensamientos, intenta conectar con su naturaleza, te sentirás bien, se te recolocarán algunas cosas, quitarás dramatismos y entenderás mucho más sobre la vida.

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