Memorias de un aprendiz-El ratón Mickey

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En las ya cortas tardes de otoño, en la soledad del taller, soledad total, yo solo en el espacio vacío de trabajo, medio en penumbras, soledad sin radio o sea sin música, solo , sin los jefes, estos días no hay trabajo, total, solo en el silencio del taller.

Iluminado por una bombilla colgada de un cordón que pendía del techo a dos metros de la mesa de despacho, el taller tenía algo de fantasmagórico, sólo penetraba por las ventanas el tono rojizo del atardecer, lo demás sólo eran sombras negras, no tenía miedo a la oscuridad, creo que me gustaba ese ambiente irreal.

Mi recurso para llenar las horas sin faena, solo, y teniendo que cumplir un horario, era dibujar…

Dibujar, era y aun es… una sensación de paz, un placer que te aisla de todo tu entorno, y que tienes la impresión que el tiempo no existe, que transformas y das forma a todo aquello que la imaginación te sugiere, creando un mundo a través de ti.

En principio dibujaba historias en forma de Tebeos, «cómics» como se llama ahora, donde el protagonista era yo mismo en diferentes aventuras donde me enfrentaba a malechores muy malos que raptaban a mi chica.

Ello me llevó a perfeccionar el estilo de dibujar los personajes, e incluso a estilizarlos, y las viñetas cada vez más audaces en encuadres y perspectivas, además en color (acuarela).

Cuando trabajaba en el taller de mi padre, un día escuché por la radio la biografía de Walt Disney, donde decían que el ratón Mickey había sido creado cuando el dibujante empezaba, y que viendo un ratón por encima de  la mesa lo cogió para dibujarlo y estudiar sus movimientos, y según la radio ese fue el comienzo de su gran carrera.

Recordando esto, pensé que en mi soledad tenía las condiciones óptimas para iniciarme también como buen dibujante.

Ahora sólo faltaban los ratones, eso no era ningún problema, ya que uno de mis jefes guardaba un par de ratoncillos en un cajón de madera, con algodón incluso, y cada día les traía restos de queso y una taza con agua, tengo que decir que el otro jefe no tenía la misma estimación por los ratoncillos, y siempre me decía en voz baja que cuando barriera procurara aplastarlos de un escobazo.

Bueno, a mi tanto me daba que hubieran ratones o no, por el momento me ayudarían a iniciarme y realizarme como famoso dibujante, por lo que con sumo cuidado cogí uno de los ratones y como pude  hice que se estuviera quieto, pero no era tan fácil, no obstante conseguí dibujar algunas facetas del ratón.

Luego de esto  sentí que algo había cambiado en mí.

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