Memorias de un aprendiz:5

Música de muertos

radioUna de las costumbres que adquirí y que hoy día sigo fiel a ella es poner la radio como primera acción antes de ponerme a trabajar, y soy fiel adicto a dos emisoras Radio 1 La clásica y Catalunya música; entre las dos reparto la música de mi película diaria, son mi banda sonora, lo que me decide hacer el salto de una a otra amante es cuando se meten con música contemporánea sea electrónica o no, o con algunos conciertos de cámara soporíferos, entonces acudo a los brazos de la otra emisora.

En el taller había una cierta tendencia a la música clásica, el ambiente musical quedaba determinado según la estación del año. En semana santa para mi era la mejor, pues con la dictadura, las emisoras de radio estaban obligadas a emitir solo música clásica o sacra. 
En esta época, de fondos musicales de Bach, Hendel, Vivaldi y demás de la misma peña, era lo único que se escuchaba, y claro, el personal del taller     (mozos y ayudantes) casi se amotinaban, pero en silencio, sólo alguna palabra reivindicativa sonaba sin demasiada potencia: «Eso es música de muertos» sin añadir nada más, pues el amo era el controlador exclusivo del aparato de radio y quien decidía lo que se escuchaba o no.

Al llegar el verano era la peor época, pues se trabajaba con ventanas y balcones abiertos por el calor, y dado la proximidad de las casas, cualquier vecino que tuviera la radio puesta, tu la tenias que compartir quisieras o no, entonces se formaba un potaje con Carmen Morell y Pepe Blanco, Juanito Valderrama, El parte informativo, la novela de Sautier Casaseca más el «Yo soy aquel negrito del África tropical…»

Aparte de música clásica también se escuchaba a Maruja Fernández dedicando discos solicitados para los emigrantes españoles, Diego Valor caballero de los espacios siderales, Taxi Key el detective que te daba la oportunidad de descubrir quien era el asesino, Fantasía los sábados por la tarde ( sí, se trabajaban)

En casa sin el disolvente de tiempo de la televisión, (no se había inventado o por aquí no existía) escuchaba la radio pero no ya  de fondo, sino como vehiculo de apertura al mundo y a cosas nuevas, además de «La pirenaica» para conocer otra versión de lo que sucedía aquí, Radio teatro, donde conecté con autores universales, seguí por radio el estreno de Fantasía de Disney, que me dio por dibujar escenas tal como las imaginaba, por radio seguía las representaciones del Teatro del Liceo, y aprendí a reconocer por el timbre de voz a un cantante de otro.

La radio del taller tenía un puesto importante, un pequeño estante de madera exclusivo sólo para el aparato, con un trapo para cubrirlo y protegerlo del polvo, el eterno polvo del taller, así protegido duraba más (comprobado.

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